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Encuentra tu tribu


Por Eduardo Oviedo | 27/11/2013 | Etiquetas: Empresa



Water station #1



El título de la entrada de hoy parafrasea algo que leí en el libro “El Elemento” de Ken Robinson. Es relativamente sencillo identificar cuando uno se expresa en su “elemento” porque alcanza un estado donde desaparece la noción del tiempo y fluye experimentando una sensación de armonía y plenitud. Un momento donde no existe pasado ni futuro, tan solo una conexión completa con el presente. Quizás hayáis oído a otros autores hablar de lo mismo nombrándolo de otra manera: la zona, en términos deportivos, o el éxtasis, si hablamos en términos religiosos. Si ves a un niño absorto en algo y parece que se haya olvidado del mundo que tiene alrededor, probablemente se encuentra en un estado así.

Pues bien, en el libro el autor proporciona una serie de pautas que se deben seguir para encontrarlo. Entre ellas, figura encontrar asimismo la tribu a la que pertenecemos y donde eso que nos hace sentir así resulta posible. Este precepto no es opcional. Es decir, si no la encuentras te sorprenderás hablando sobre lo que te gusta hacer punto de cruz o correr maratones. Porque esas resultaran ser las actividades al margen de tu trabajo profesional que te permiten sentirte de esa manera. Implícitamente supone establecer que en ese trabajo no te resulta posible encontrarte con tu elemento. Ergo no eres feliz en él. Si el problema está en la tribu, me sabe mal ser el portador de las malas noticias pero tengo que decirte que eso no cambiará en el futuro. Puedes creer que se trata de una lucha que podrás ganar pero te pediría que hicieses un repaso de lo que hayas conseguido hasta el momento porque probablemente sea nada.

Cuando te encuentras con personas con las que puedes expresarte hasta encontrarte con tu elemento, lo alcanzas. No hay pérdida. Si el punto de cruz lo haces con otras personas, te servirá de ejemplo de aquello a lo que me refiero. Lo mismo para el caso de que corras maratones o estés apuntado a Pilates. Hablamos de lo mismo. Si por el contrario te sientes como si trataras permanentemente de ir contracorriente, no estas con la gente que pertenece a tu misma tribu. Tampoco tiene perdida.

Si conduces por la izquierda y en tu empresa lo hacen por el lado contrario, terminaras chocando. En ella han acordado conducir por la derecha y o te atienes a ello o a las consecuencias. Vives la realidad que has escogido compartir. Pero te aseguro que en este planeta viven otros como tú. Solo tienes que entender que basta con ir a buscarlos. Piensa que será renunciar a ese ambiente que te empequeñece lo que te permitirá hacerte grande.











La vida es de ida y vuelta


Por Eduardo Oviedo | 13/11/2013 | Etiquetas: Emprender


Juegos de Guerra


A no ser que prevengas el efecto bumerang comportándote de manera contracíclica. Si me ofrecieran beber agua de la fuente de la vida eterna creo que no haría ni gárgaras. No me puedo imaginar lo que supondría vivir una y otra vez cosas que solo serían nuevas para los demás si ya me toca sufrir el aburrimiento de experimentar esa sensación ahora. Espero que los budistas se equivoquen en algo y no exista la reencarnación. Si es que ya ni poniéndose en el supuesto de vivir el equivalente a dos vidas. Desaparece toda la gente con la que compartes la primera y ves a los de la segunda poniendo caras ante las mismas cosas. Y si cierras los ojos casi puedes ver a fulanito, que en paz descanse, cuando le ocurrió a él. La historia se repite y solo cambian los actores. Y la trama además tiene poquitas variaciones.

Hoy me han contado algo que me temo -para otros- que dará lugar a algo a lo que ya he asistido anteriormente. Tengo la sensación de que vuelven a echar Atrapado en el tiempo pero cambiando a Bill Murray por otro actor. Y el caso es que el pobre podría saltarse el mal trago si tan solo entendiera que, aunque para él resulte nueva, la situación ya se ha dado anteriormente. Tan sencillo como eso: "conozco lo ocurrido y simplemente hago algo distinto para tener, no un guion original, que sé que no existe, pero si el guion bueno entre todos los demás, que eso si es posible". Es una de las cosas que todo aquel que he conocido que es bueno en estrategia sabe. Ya sea de manera intuitiva o más formal. Ya que hoy las metáforas van de películas de cine, actuar conforme a lo que dice el computador en las escenas del final de Juegos de Guerra: "Extraño juego. El único movimiento para ganar es no jugar.".

El otro día escribía sobre ello. Y es que es otra de las razones por las que Ken Morse menciona que si eres joven te rodees por personas que tengan más experiencia. Para que puedas salvarte de meter la pata cometiendo sus mismos errores. Esa es la cultura que ha situado a Estados Unidos donde se encuentra y su reverso la razón por la que aquí nos cuesta avanzar un palmo del sitio en donde estamos. Aquí cada persona empieza de cero. Sin bagaje ajeno del que tirar. Y aprende pronto además qué conlleva fallar. El estigma que supone. Así que todos nos esforzamos por esconder los errores impidiendo que nadie pueda aprender de ellos. Digno del que asó la manteca.

En fin. Yo por mi parte ya he cogido el bol de palomitas. No hay mucho más que pensar.











Dos cosas que te viene bien saber si piensas emprender


Por Eduardo Oviedo | 6/11/2013 | Etiquetas: Emprender



Ken Morse



La semana pasada estuvo en Oviedo Ken Morse. Había visto en el periódico unos días antes de su visita un anuncio anticipándola junto con el día y la hora de la conferencia y, aunque recuerdo vagamente que me llamó la atención, por lo visto se me debió olvidar en seguida, porque no hice ni amago de ir. También es cierto que no tenía ni idea de quién es.

Ahora tampoco es que esté mucho más al tanto de su biografía, pero he visto las fotos del evento y el artículo que se publicó al día siguiente explicando los mensajes principales que transmitió y pensé que no estaría de más hablar sobre alguno de ellos.

"Tener clientes y vender es mucho más importante que la tecnología"

Cierto. Aunque resulta un poquito sobrecogedor que deba venir alguien del MIT para explicárnoslo. Si creo, de todas maneras, que las dice no tanto por venir de allí, sino porque tiene una edad. Aunque igual me equivoco y lleva diciéndolo toda su vida. Vale que de alguna manera, si la consideras tan importante en tu negocio, quizás te merezca la pena –cuidado con el ego- tangibilizar una imagen de marca que el cliente asocie con la tecnología. Pero, como me contaba que decía el padre de una chica que estuvo de prácticas un tiempo conmigo, “Yo no me engaño”. En función de lo que se trate, da igual que tropieces con gente de veinte o de sesenta. Si tratas de educarles en el uso de tecnología y no consigues vendérsela, salvo que estés en ese proceso de tangibilizar ante ellos esa imagen, no insistas. Si quieres que sean clientes tuyos no los obligues a cambiar. Cambia tú. Veréis que en todo el sitio web de la empresa no menciono ni una sola vez por su nombre una solución tecnológica de las que usamos. De hecho nos definimos como una firma de base tecnológica, pero nada más. Y no será por tecnología: motores de bases de datos, herramientas de exploración OLAP, de reporting, de ETL, etc. Pero que las tengamos y que nos aseguremos de que cada persona que nos conoce sepa que si quisiera las podría tener al alcance, no quiere decir que no entendamos que en muchos casos prefiera en su lugar una solución distinta: una presentación con los datos en lugar de atacar personalmente los almacenes con la información. Y funciona.

"Los cuarenta años es la edad ideal para emprender; los más jóvenes deben buscar el apoyo de gente con canas o calva"

De dónde sacará la gente que para emprender debes tener menos de treinta años. Lo que conseguirás empezando con veinte es sin duda una experiencia inestimable… precisamente por la falta de experiencia. Y no: si tienes un trabajo por cuenta ajena que no te permita conocer cosas tampoco pienses que aun así adquirirás la experiencia que necesitas para hacerlo. El mix ideal para el éxito resulta de conocimientos suficientes sobre el asunto en el que deseas emprender y experiencia concreta en hacerlo. Si eres mayor y no tienes ninguna de las dos, pues es lo mismo que si tienes veinte años. Lo único que con esa otra edad quizás no te sea tan complicado reinventarte –esto variará con la persona, no con la edad-. Si tienes veinte y poca experiencia, sigue el consejo de Ken. Y si tienes el doble y poca experiencia emprendedora, sé al menos consciente de que debido a ello cometerás errores. En mi caso está vez es la segunda. La otra la cambié gracias a dios de rumbo muy pronto para trabajar algún tiempo más por cuenta ajena. He hice bien. Ahora que rondo los cuarenta empiezo a estar en condiciones de moverme con cierta seguridad en esto. Que le vamos a hacer. No es cosa de aquí. Este hombre y su consejo vienen del otro lado del océano. Hazle caso también.

Os dejo el enlace al artículo del periódico en que se citan cosas suyas que merece la pena leer sobre una cosa y la otra: http://www.lne.es/economia/2013/11/01/ken-morse-mit-clientes-vender/1492646.html











El poder de la visualización


Por Eduardo Oviedo | 30/10/2013 | Etiquetas: Empresa, Escenarios de utilidad de las Bases de Datos, Scrum, Kanban


Uno de los momentos que recuerdo con más cariño de la etapa anterior a Bases Portuarias tiene relación con la preparación de un proyecto en el que trabajé junto con otras personas por encargo del que era nuestro director. En ese tipo de trabajos, es habitual tener que comenzar habiendo recibido pocos inputs, por lo que la misión suele resultar bastante vaga. Esto, si te gusta enfrentarte a un folio en blanco, tiene sus ventajas y supera con bastante el estrés que pueda suponer trabajar siempre en la frontera de lo que sabes hacer -hasta ese momento-. Y aunque pueda sonar contraintuitivo con lo que se asocia al trabajo creativo o innovador, tiene por supuesto mucho método detrás.

En la entrada anterior hablaba de innovación exponencial. El mundo cambia a un ritmo vertiginoso y está claro que las empresas tienen que adoptar enfoques que les permitan moverse a esa misma velocidad. Nuestro momento para tratar de abordar ese cambio de paradigma organizacional había llegado unos meses antes cuando desde estrategia, propusimos cambiar la forma en la que trabajábamos sobre nuestros objetivos adoptando la metodología de dos prácticas ágiles con las que tenía alguna experiencia y que creía que podían dar resultado con nosotros: Scrum y Kanban -en otra entrada os hablaré más detenidamente de ellos y de aquello-. Ahora, aunque no ha pasado tanto tiempo –recordad, todo corre a velocidad de vértigo-, son mucho más conocidas y es raro que no se mencionen junto con Lean, etc., pero os aseguro que aquel entonces no era así. Lo que es seguro es que pasaron a ser, para la historia, la primera vez que se mencionaban en una autoridad portuaria. Los que no las conozcáis aun, tenéis que saber que aunque ágiles, son metodologías que tienen una serie de principios. Por hoy solo mencionaré que básicamente todas ellas se dirigen hacía la entrega temprana de valor. Y ese fue la metodología que empleamos para trabajar en el proyecto. Precisamente porque era innovador.

Scrum habla de sprints. Es el tiempo que transcurre entre entregas de valor. Para el proyecto escogimos un plazo de una semana con entregas cada viernes. Así entrábamos en un círculo virtuoso que nos obligaba a eliminar cualquier ineficacia porque de lo contrario no llegábamos. Cuando comienzo algo así lo más duro son las primeras dos semanas. Tienes que estar rodeado de personas que confíen mucho en ti porque lo que ven les resulta aterrador. En aquella ocasión fue una caja de cartón tamaño encerado con un par de post-it de color rosa. Me acuerdo de sus caras cuando les explicaba que eso era lo que necesitábamos, que estaba chupado y lo que iba a preparar a continuación. La segunda semana, tampoco es que fuera demasiado alentadora para ellas. Los post-it se convirtieron en piezas de información: tablas y gráficos principalmente. Muchas. Y yo tratando de estirar su confianza diciéndoles que aunque aparentemente no tuviesen orden ni concierto, estaba escondido tras ellas esperando que lo sacasen a la luz. Menos mal que empezó a aparecer durante la tercera semana. Apoyándonos precisamente en el poder de la visualización.

Cuando trabajas en una nueva unidad de negocio no dispones de discurso. No es como hacerlo sobre otras que ya sean parte de la historia de la empresa. Así que tienes que construirlo desde cero. Y nosotros apostamos por hacerlo utilizando algo que pensamos que podía funcionar: un cuadro de mando. Veréis: en aquella autoridad era habitual que hubiese un plano del puerto en cada despacho y se utilizaba a modo de documento de trabajo. Así que se nos ocurrió, que ya que todo el mundo estaba familiarizado con él, era una buena idea trasladar el formato a nuestro proyecto y construir un cuadro de mando con todas las piezas que necesitábamos para narrar después el discurso que teníamos que construir. Y funcionó. Nos sirvió a nosotros de muchas y variadas maneras. Teníamos “algo” sobre lo que contar la historia del nuevo tráfico. Lo llevábamos a las reuniones, lo desplegábamos y el efecto era singular. Sin embargo con el tiempo, por unas cosas y por otras, dejamos de desarrollarlo y al hacerlo -abandonando la metodología, el prototipado rápido, las entregas semanales de valor- salimos del círculo virtuoso. Y entonces fue quedando desfasado a la velocidad exacta a la que ya sabemos que avanza el mundo. Una buena lección sin lugar a dudas.

Si aun así tenéis curiosidad por verlo, se encuentra en la última diapositiva de la presentación corporativa que hemos subido hoy a SlideShare.












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El blog de Bases Portuarias recoge la actualidad de la firma junto con temas relacionados con el mundo de la empresa y su gestión en general. Se actualiza, semanalmente, los miércoles con una nueva entrada.

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Fotografía de Eduardo Oviedo, Socio Director de Bases Portuarias

Eduardo Oviedo es el Director y fundador de Bases Portuarias. Emprendedor, cree en la tecnología como medio para resolver problemáticas de negocio. Estudió CC. Empresariales y tiene un Master en Transporte y Gestión Logística por la Universidad de Oviedo. Ha trabajado en las Autoridades Portuarias de Barcelona y de Gijón así como consultor.

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